jueves, octubre 20, 2005

La Cumbre de Salamanca y la Educación

Me pregunto cómo lo maestros en las salas de clase podemos apropiarnos de los cambios que ocurren en el mundo y capitalizarlos para generar mejor calidad de vida en nuestro entorno. Rápidamente me respondo que lo primero que quiero lograr para ello es sensibilizarme con los cambios que están ocurriendo y escuchar e interpretar para dónde va el mundo.
Me preocupa esto porque lo que los profesores hacemos o dejamos de hacer con nuestros alumnos es lo que va dando rumbo a nuestro país. Hago un llamado a todos los maestros, de cualquier nivel educacional a meterse en lo que pasa en el mundo. Mi responsabilidad no es sólo que mis alumnos aprendan "mi materia", también y prioritariamente tienen que aprender a ser personas del mundo que viven con otros.
Para lograr esa sensibilización de la que hablo los invito a leer un artículo de Sebastián Edwards que apareció en La Tercera hace algunos días y que se refiere a la Cumbre de Salamanca. Me parece que nos aporta para ser en el mundo de hoy.

La Cumbre Iberoamericana y la globalización

Cuando esta columna salga publicada, la XV Cumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca ya habrá concluido. Los presidentes de la región se habrán fotografiado junto al Rey Juan Carlos, o junto a Fidel, si es que éste asistió (con el comandante nunca se sabe; a veces aparece y otras no). Los jefes de Estado también habrán brindado por el futuro de nuestros pueblos y habrán pronunciado largos e imponentes discursos. Se habrá hablado de la urgencia de tener una mayor voz en los foros internacionales, y sobre el futuro económico de nuestros países. Varios de los participantes habrán atacado al neoliberalismo y al "Consenso de Washington", y casi todos -y con justa razón- habrán criticado el proteccionismo agrícola de los países del norte.

Pero a pesar de los discursos, del boato, y del ceremonial, la Cumbre tendrá escasísimas consecuencias prácticas. La verdad es que las cumbres son así: los discursos - aun los discursos estridentes- son envasados y las declaraciones finales han sido negociadas con muchísima anticipación. Nadie espera que la Cumbre produzca avances ni en lo político ni en lo sustancial. A lo más habrá sabrosas (y embarazosas) salidas del protocolo protagonizadas por el Presidente bolivariano Hugo Chávez o por su amigo el Presidente argentino Néstor Kirchner.

¿Cambiar el modelo?

Pero no todo lo relacionado a la Cumbre es preenvasado o pre-determinado o poco práctico. De hecho, entre el 7 y 8 de octubre tuve la oportunidad de asistir a una interesantísima reunión pre-cumbre -realizada también en Salamanca- donde un grupo de economistas iberoamericanos discutimos el estado de las economías regionales. Los participantes provenían de diferentes países e instituciones: había políticos destacados, académicos, presidentes y ex presidentes de bancos centrales; también había funcionarios internacionales, embajadores y ex embajadores, ex ministros y altos funcionarios (pasados y presentes) de España y Portugal. Entre los participantes prominentes se encontraban el senador Alejandro Foxley, el secretario ejecutivo de la Cepal José Luis Machinea, el presidente del Banco Central de la Argentina, Martín Redrado, el ex ministro venezolano Ricardo Hausmann, y el asesor económico de Rodríguez Zapatero, Miguel Sebastián.

El objetivo de esta reunión fue discutir en forma abierta y crítica la situación económica de la región y hacer recomendaciones sobre políticas económicas y sociales. Todo ello se hizo en escasos dos días y el resultado fue una declaración contundente y extremadamente razonable (el texto se puede encontrar en

http://www.cidob.org/agenda_desarrollo/declaracion_salamanca_cast.pdf.).

El lenguaje usado durante las discusiones -y que luego se plasmó en la Declaración de Salamanca- fue profesional, cuidadoso y sobrio. Nadie habló de "cambiar el modelo" ni despotricó contra la globalización o el sistema de mercado, ni propuso imponer controles de capitales o de precios. Y ciertamente, a nadie se le ocurrió apoyar el regreso al estatismo que se está produciendo en la República Bolivariana de Hugo Chávez. Tampoco hubo ataques destemplados al Fondo Monetario Internacional ni críticas generalizadas a los Estados Unidos.
Lo anterior no significa, en absoluto, que los participantes hayan tenido una actitud complaciente con respecto al estado de nuestras economías. Al contrario, hubo diversas críticas -algunas profundas- a las políticas económicas implementadas durante los últimos años, y prácticamente todos manifestaron su preocupación con respecto a las malas condiciones sociales imperantes en la región.

Pero nadie dijo que la solución era "cambiar el modelo". De lo que se trata es de "ampliar el modelo." Hay que ampliarlo hacia los ámbitos que hasta ahora han sido postergados. Hay que crear instituciones e introducir políticas que aseguren que el actual crecimiento económico -crecimiento que ha sido posible gracias a los altos precios de los commodities- se mantenga en el tiempo, y que los frutos del mismo lleguen a las familias de menores ingresos. Hay que asegurarse que las inversiones en infraestructura ayuden a mejorar el nivel de vida de los pobres, que la calidad de la educación mejore, y que los individuos de menores recursos tengan acceso al crédito. Se trata, en definitiva, de implementar políticas que junto con aumentar la eficiencia de nuestras economías, mejoren sustancialmente la distribución del ingreso.

Populismo e impuestos

Entre los muchos temas que se discutieron en Salamanca, tres me parecieron particularmente importantes. La gran mayoría de los presentes manifestaron la necesidad de desterrar el populismo como modo de hacer política económica. Si bien hubo acuerdo que el populismo macroeconómico de antaño - aquel que generaba inflación para lograr mejoras económicas en el corto plazo- estaba prácticamente muerto, hubo preocupación sobre un nuevo tipo de populismo microeconómico. Este es un populismo basado en la fijación artificial de precios y tarifas públicas, en el otorgamiento de subsidios masivos, y en la creación de distorsiones con objetivos puramente políticos. El populismo micro atenta contra los aumentos de eficiencia y productividad, contra la creación de empleos estables, e impide la mejoría en las condiciones sociales de la población.

También hubo una amplia discusión sobre el lastre que significa la corrupción. Si bien se reconoció que la corrupción no es un mal específico de América Latina, también hubo acuerdo que ésta crea desencanto, apatía y caídas en la eficiencia económica. Atacar la corrupción sin miramientos es una tarea prioritaria para los países de la región.

En la reunión de Salamanca hubo una amplia discusión sobre el nivel de los impuestos, la que produjo dos conclusiones: una carga impositiva excesivamente alta (como en Brasil) tiende a desincentivar la inversión y afecta negativamente el crecimiento económico. De otro lado, cargas tributarias excesivamente bajas (como en Centroamérica) impiden ampliar los servicios sociales a los más pobres. Al determinar el nivel de la carga tributaria hay que comparar costos con beneficios; si hay proyectos sociales con beneficios netos, un (moderado) aumento de los impuestos es justificado.

Estado fuerte, pero limitado

La Declaración de Salamanca habla de fomentar la competencia, la eficiencia y la innovación.El Estado tiene un rol importante en lograr estos objetivos. Debe crear las condiciones para que se invierta en ciencia y tecnología y debe velar porque los monopolios no capturen a los mercados. Debe fomentar la flexibilidad de la economía y crear las condiciones para atraer inversión externa directa y productiva. El estado debe crear una amplia red de apoyo social que ayude a aquellos que, por una razón u otra, se encuentran en una situación de pobreza y destitución.

Pero nada de lo anterior significa que el Estado deba tener un mayor tamaño. Más que un Estado grande, de lo que se trata es tener un estado fuerte; fuerte pero limitado. Un Estado que haga pocas cosas -aquellas que el sector privado no puede o no quiere hacer-, pero que las haga bien. Que las haga con eficiencia, transparencia y sin caer en la corrupción.

La Declaración de Salamanca es un aporte importante a la discusión económica y política en la región. Ella demuestra que los economistas iberoamericanos tienen una visión compartida sobre las estrategias a seguir. Y esta visión es moderada y profesional, y habla de "ampliar" el modelo basado en la competencia, los equilibrios macroeconómicos y la apertura económica. El hecho de que nadie haya fomentado las ideas extremas de gurús mediáticos como Joseph Stiglitz, es un signo de madurez. Es de esperar que nuestros líderes políticos tomen la Declaración de Salamanca en serio.

1 Comments:

Blogger Servando said...

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12:24 AM  

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